Una pequeña calle de Lavapiés esconde una de las leyendas más macabras del antiguo Madrid
Entre Tirso de Molina y Antón Martín existe una pequeña vía que podría pasar completamente desapercibida si no fuera por su inquietante nombre. La Calle de la Cabeza de Madrid, situada en el entorno de Lavapiés, lleva siglos formando parte del callejero de la capital y está relacionada con una de sus leyendas más oscuras: un sacerdote asesinado, un criado desaparecido y una cabeza de carnero que, según cuenta la tradición, terminó revelando un crimen.

Una calle pequeña con un nombre difícil de ignorar
La Calle de la Cabeza se encuentra en el barrio de Embajadores, en pleno distrito Centro, y discurre entre las calles de Jesús y María y Ave María. Su existencia está documentada desde hace siglos y su nombre ya aparece en documentación histórica antigua.
Pero hay un detalle que hace especialmente interesante encontrarla durante un paseo.
Fíjate en la tradicional placa de azulejos que identifica la calle. La ilustración no es precisamente discreta: hace referencia a una cabeza humana, un arma y un carnero. El propio Ayuntamiento de Madrid explica que esta placa alude directamente a la siniestra leyenda asociada al origen de su nombre.
Y aquí comienza la historia.
El sacerdote, el criado y un asesinato
La tradición sitúa el relato en el Madrid del Siglo de Oro.
Según una de sus versiones más extendidas, en esta calle vivía un sacerdote acomodado acompañado por un criado portugués. El sirviente, movido por la codicia, habría asesinado al religioso, cortándole la cabeza antes de apoderarse de sus riquezas.
Después del crimen huyó a Portugal.
El cadáver fue descubierto, pero el supuesto asesino había desaparecido y durante años no hubo forma de encontrarlo. Con el paso del tiempo, el crimen acabó cayendo en el olvido.
Hasta que el criado decidió regresar a Madrid.
La cabeza de carnero que delató al asesino
Aquí es donde la historia abandona definitivamente el terreno de un relato criminal convencional.
Cuenta la leyenda que el antiguo criado regresó años después convertido aparentemente en un hombre acomodado. Mientras recorría la zona del Rastro compró una cabeza de carnero y decidió llevársela consigo bajo la capa.
Mientras caminaba, comenzó a dejar un rastro de sangre.
Un alguacil lo vio y decidió detenerlo para preguntarle qué escondía.
El hombre explicó que simplemente llevaba la cabeza de un carnero que acababa de comprar.
Pero, según la leyenda, cuando abrió el paquete ya no apareció la cabeza del animal.
Era la cabeza del sacerdote asesinado años atrás.
Ante semejante aparición, el criado habría terminado confesando el crimen. La tradición continúa relatando que fue condenado y ejecutado y que, una vez cumplida la sentencia, aquella cabeza volvió milagrosamente a convertirse en la del carnero.
¿Ocurrió realmente?
Aquí está probablemente la parte más interesante de la historia.
No deberíamos interpretar todo lo anterior como una crónica policial del Madrid antiguo.
Las versiones de la leyenda presentan diferencias en fechas y acontecimientos, y las fuentes históricas advierten precisamente de esas inconsistencias. La propia historia ha ido cambiando conforme se transmitía durante generaciones.
Lo que sí es real es la calle, su antiguo nombre y la tradición popular que Madrid ha conservado alrededor de ella.
De hecho, la leyenda llegó a integrarse de tal manera en la identidad de la vía que la placa de azulejos continúa haciendo referencia al macabro relato.
Eso es precisamente lo divertido de buscarla: puedes caminar por una calle completamente normal del Madrid actual mientras conoces una historia que lleva siglos circulando por la ciudad.
Y la calle todavía guarda otra historia oscura
La leyenda de la cabeza no es el único episodio interesante relacionado con esta vía.
En la Calle de la Cabeza estuvo también la denominada Cárcel de la Corona, una prisión eclesiástica vinculada a episodios políticos especialmente turbulentos del Madrid del siglo XIX.
Entre sus historias aparece la de Matías Vinuesa, conocido como el cura de Tamajón, que estuvo encarcelado allí y murió en 1821 después de que una multitud irrumpiera violentamente en la prisión.
Así que, detrás de una calle que hoy puedes atravesar en pocos minutos, se acumulan siglos de historia, política y leyenda.
Busca la placa cuando pases por Lavapiés
Si durante tu estancia decides caminar entre el centro y Lavapiés, intenta encontrar la Calle de la Cabeza y detente unos segundos frente a su placa.
Después de conocer la historia, probablemente ya no la mires de la misma manera.
Madrid está llena de este tipo de pequeños detalles. Puedes pasar diez veces por una calle sin prestarle atención y, cuando descubres lo que ocurrió —o lo que durante siglos se ha contado que ocurrió—, ese mismo lugar adquiere una personalidad completamente diferente.
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Madrid no son únicamente la Puerta del Sol, la Plaza Mayor o el Palacio Real. Entre sus pequeñas calles aparecen nombres extraños, placas, edificios y leyendas que cuentan una parte mucho menos conocida de la ciudad.
La próxima vez que veas el nombre de una calle madrileña que te parezca extraño, búscalo. Puede que detrás haya una historia tan peculiar como la de la Calle de la Cabeza.


