Para descubrir el origen del apodo más famoso de los madrileños hay que regresar casi mil años atrás, cuando Madrid todavía era una pequeña ciudad amurallada conocida como Mayrit

Si alguna vez has escuchado llamar “gatos” a los madrileños, probablemente te hayas preguntado qué tienen que ver los habitantes de Madrid con estos animales. La respuesta más popular nos lleva hasta la Edad Media y a una historia protagonizada por un joven soldado capaz de trepar por una muralla con una habilidad extraordinaria.
La historia tiene todos los ingredientes de una buena leyenda: una fortaleza musulmana, el ejército de Alfonso VI, una muralla aparentemente difícil de superar y un joven que consiguió escalarla como si fuera un gato. Sin embargo, como ocurre con muchas historias transmitidas durante siglos, conviene distinguir entre lo que sabemos sobre el Madrid medieval y lo que pertenece a la tradición popular. El propio Ayuntamiento recoge esta explicación como el origen tradicional del apelativo.
Antes de Madrid existió Mayrit
Para comprender la historia tenemos que imaginar un Madrid completamente diferente al actual. En el siglo IX, durante el periodo andalusí, el emir Muhammad I ordenó levantar una fortificación en un enclave estratégico próximo al río Manzanares. Alrededor de ella fue desarrollándose Mayrit, el núcleo del que surgiría posteriormente Madrid.
No había Gran Vía, Puerta del Sol ni Plaza Mayor. Mayrit era un pequeño recinto fortificado protegido por una muralla y situado en el entorno donde actualmente encontramos el Palacio Real, la Catedral de la Almudena y la Cuesta de la Vega.
Aquellas murallas tenían una función esencialmente defensiva. Madrid formaba parte de una zona estratégica de Al-Ándalus y su posición permitía controlar caminos y movimientos hacia el centro de la península.
Y es precisamente una de aquellas murallas la protagonista de nuestra historia.
La llegada de Alfonso VI
Durante el siglo XI cambió el equilibrio político de buena parte del centro peninsular. Alfonso VI, rey de León y Castilla, amplió considerablemente sus dominios y en 1085 conquistó Toledo, uno de los acontecimientos fundamentales de su reinado.
Madrid también pasó a dominio cristiano durante este periodo. Es en el contexto de la incorporación de la antigua Mayrit a los territorios de Alfonso VI donde la tradición sitúa la historia que explicaría por qué los madrileños terminaron siendo conocidos como gatos.
Pero aquí empieza la parte en la que historia y leyenda se mezclan.
El joven que trepó por la muralla como un gato
Según la versión tradicional, durante el asalto a Madrid un joven soldado del ejército cristiano consiguió escalar la muralla con una agilidad extraordinaria.
Algunas versiones cuentan que utilizó una daga para ayudarse, introduciéndola entre las juntas o huecos de las piedras mientras ascendía. Otras añaden que llevaba una cuerda para que sus compañeros pudieran seguirlo una vez alcanzada la parte superior.
Lo importante de la historia es la comparación que supuestamente hicieron quienes contemplaron la hazaña: aquel muchacho trepaba como un gato.
La tradición acabó atribuyendo a esa proeza el origen del apelativo. Una publicación histórica del Ayuntamiento recoge una versión en la que aquel sobrenombre habría llegado incluso a transformarse posteriormente en apellido.
Con el tiempo, el término dejó de estar vinculado exclusivamente al protagonista de la historia y comenzó a utilizarse para referirse a los habitantes de Madrid.
Habían nacido los “gatos”.
Pero ¿ocurrió realmente?
Aquí conviene separar una buena historia de una certeza histórica.
Que Madrid tuvo un origen andalusí, que estuvo protegida por murallas y que posteriormente pasó a dominio cristiano son hechos históricos. Todavía se conservan restos de aquellas primeras fortificaciones y el Ayuntamiento identifica un tramo de aproximadamente 120 metros de la antigua muralla islámica en el entorno del parque del Emir Mohamed I.
La espectacular historia del soldado que escaló la muralla, sin embargo, pertenece fundamentalmente a la tradición madrileña. Las propias fuentes municipales utilizan expresiones como “cuentan que” al explicar el origen del apelativo.
Además, una referencia interesante aparece bastante después de los acontecimientos medievales. Un texto municipal dedicado a las tradiciones madrileñas señala que el escritor y político Ángel Fernández de los Ríos recogía en su Guía de Madrid, publicada en 1878, la explicación de la hazaña del soldado de Alfonso VI.
Por tanto, lo correcto no es afirmar que conocemos con absoluta certeza el momento exacto en que nació el sobrenombre, sino que esta es la explicación tradicional más famosa sobre su origen.
Y probablemente también la más divertida.
Hay otras teorías sobre los “gatos” madrileños
Como sucede con muchos apodos antiguos, no existe una única explicación que pueda demostrarse de manera definitiva. A lo largo del tiempo han circulado otras teorías.
Una relaciona el término con la afición de los madrileños por la vida nocturna. Según esta interpretación mucho más moderna, quienes salen por Madrid hasta altas horas serían “gatos” porque viven buena parte de la noche despiertos.
También han aparecido explicaciones relacionadas con personas que saltaban antiguos cerramientos de la ciudad para evitar controles o impuestos. Sin embargo, ninguna de estas versiones ha conseguido desplazar a la historia medieval del joven escalador como la explicación tradicional más extendida.
De hecho, el vínculo entre Madrid, los gatos y la capacidad de trepar aparece incluso representado en elementos actuales del patrimonio de la ciudad.
Hay “gatos” escondidos en plena Plaza Mayor
Aquí aparece una curiosidad que puedes comprobar durante tu viaje.
La espectacular fachada de la Casa de la Panadería, situada en la Plaza Mayor, está cubierta por pinturas murales realizadas por Carlos Franco en la década de 1990. Su decoración mezcla personajes mitológicos, símbolos y referencias a la historia y las tradiciones de Madrid.
Entre sus figuras aparecen “Los Gatos” y también unas figuras trepadoras que, según la descripción oficial del Ayuntamiento, representan la habilidad de los madrileños para escalar murallas.
Así que la próxima vez que atravieses la Plaza Mayor merece la pena detenerte unos minutos delante de la Casa de la Panadería y mirar hacia arriba.
La antigua leyenda continúa escondida en uno de los edificios más fotografiados de Madrid.
Entonces, ¿cualquier madrileño es un gato?
Aquí encontramos otra parte divertida de la tradición.
Actualmente es habitual utilizar “gato” simplemente como sobrenombre de los madrileños. Sin embargo, existe una interpretación popular bastante más exigente según la cual un auténtico gato debe haber nacido en Madrid y ser hijo de padres también nacidos en Madrid.
Otras versiones elevan todavía más el listón y hablan de varias generaciones de madrileños. De hecho, documentación municipal señala que el término continúa utilizándose con orgullo entre quienes presumen de pertenecer a varias generaciones nacidas en la ciudad.
No existe, evidentemente, un carnet oficial de gato ni una normativa que determine cuántos antepasados madrileños hacen falta. Se trata de una tradición popular y las versiones cambian dependiendo de quién la cuente.
Así que si alguien empieza a discutir sobre si hacen falta dos, tres o cuatro generaciones, probablemente estés presenciando una conversación bastante madrileña.
Antes también llamaban “ballenatos” a los madrileños
Y esta es posiblemente una de las curiosidades menos conocidas.
“Gatos” no fue el único sobrenombre utilizado antiguamente para referirse a los habitantes de Madrid. Una publicación del Ayuntamiento explica que durante el siglo XVII también fueron conocidos como “ballenatos”.
El origen estaría en una broma relacionada con el río Manzanares. Según la historia, se difundió la noticia de que una ballena descendía por el río y algunos curiosos acudieron preparados para enfrentarse al supuesto animal. Finalmente descubrieron que aquello que flotaba no era una ballena, sino una albarda arrastrada por la corriente.
La anécdota llegó a ser mencionada por autores como Cervantes, Lope de Vega y Tirso de Molina, según recoge la documentación municipal.
Por suerte para los madrileños, parece que “gatos” terminó ganando la batalla de los apodos.
Todavía puedes encontrar la muralla de aquella historia
Aunque la leyenda del joven escalador no pueda demostrarse tal como se ha contado durante generaciones, hay algo que sí puedes hacer en Madrid: buscar los restos del escenario en el que supuestamente ocurrió.
Muy cerca de la Catedral de la Almudena se encuentra el parque del Emir Mohamed I, junto a la Cuesta de la Vega. Allí se conserva uno de los principales tramos visibles de la antigua muralla islámica de Madrid.
Resulta extraño contemplarla y pensar que Madrid comenzó siendo una pequeña población fortificada. La enorme ciudad que hoy se extiende kilómetros en todas direcciones tuvo durante siglos unos límites que podían recorrerse en muy poco tiempo.
Además, la zona permite enlazar fácilmente la visita con la Catedral de la Almudena, el Palacio Real, la Plaza de Oriente y el Madrid de los Austrias.
Busca gatos mientras recorres Madrid
Una vez conoces la historia, puedes convertirla en un pequeño juego durante tu estancia.
Empieza contemplando los restos de la muralla en la Cuesta de la Vega e intenta imaginar lo difícil que habría resultado escalar aquella fortificación hace casi mil años. Después continúa hacia el centro y busca las figuras de la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor.
Incluso puedes preguntar a algún madrileño si se considera un verdadero “gato”. Es muy posible que la respuesta venga acompañada de una explicación sobre dónde nacieron sus padres o sus abuelos.
Porque ese es uno de los aspectos más interesantes de Madrid: algunas de sus historias no están únicamente dentro de los museos. Continúan en los apodos, las conversaciones, los nombres de las calles y las expresiones que utilizan diariamente sus habitantes.
Descubre el Madrid de los “gatos” desde Mola! Hostel Madrid
Alojarte en Mola! Hostel Madrid, en pleno centro, permite descubrir muchas de estas historias caminando. Plaza Mayor, el Madrid de los Austrias, la Almudena y los restos de la antigua muralla forman parte de una zona perfecta para recorrer sin necesidad de convertir el día en una sucesión de transportes.
Y cuando alguien vuelva a decirte que los madrileños son “gatos”, ya sabrás que probablemente no está hablando de su afición por dormir al sol.
Está recordando una leyenda que nos lleva hasta las murallas de la antigua Mayrit, cuando un joven soldado supuestamente decidió que la mejor forma de entrar en Madrid era hacerlo trepando como un gato.


